sábado, 18 de julio de 2009


No pudo seguir.

Llorando en silencio, paso su brazo
por debajo de la cabeza de ella
para que le sirviera de almohada,
y ella se enroscó en su costado.
Permanecieron así, sin dormir,
sin hablar, hasta que empezaron
a cantar los gallos, y él
tuvó que apurarse para llegar
a tiempo a la misa de cinco.
Antes que se fuera, Sierva María
le regaló el precioso collar
de Oddúa: dieciocho pulgadas
de cuentas de nácar y coral.

El pánico había sido reemplazado
por la zozobra del corazón.
Delaura no tenía sosiego, hacía
las cosas de cualquier modo,
flotaba hasta la hora feliz
en que huía del hospital
para ver a Sierva María.
Llegaba jadeando a la celda
ensopado por las lluvías
prpetuas, y ella lo esperaba
con tal ansiedad que la
sola sonrisa de él
le devolvía el aliento.


Del amor y otros Demonios.
Gabriel García Márquez.